lunes, febrero 01, 2010

El machismo de la medicina tradicional

MAGDA BANDERA - MADRID - 01/02/2010 07:35

Carme Valls-Llobet. Doctora. Acaba de publicar el libro 'Mujeres, salud y poder' (Cátedra), en el que denuncia cómo las enfermedades de las mujeres son marginadas, poco estudiadas y cómo se psiquiatrizan sus patologías, medicándolas por sistema

Brujas

"La marginación de la mujer en el ámbito de la medicina comenzó cuando el poder médico se fundamentó a partir de negar la experiencia y sabiduría de las matronas y sanadoras, que pasaron a convertirse en brujas", escribe en Mujeres, salud y poder.

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Por desgracia ésta y muchas más cosas nos las terminamos creyendo las propias mujeres, ¡dándoles así más poder!, si nosotras no hubieramos relegado nuestra sabiduría y experiencia milenaria, ¡jamás se hubiera producido ésto!. ¡cuánto sufrimiento nos hubieramos evitado muchas!.

Paso a pegaros un artículo relacionado con la experiencia de parir, ¡la maravillosa experiencia del parto!.

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La antropología la llevó a interesarse por la muerte materna

Cristina y su luminoso oficio de partera

Por Valeria Valencia/corresponsal

San Cristóbal, Chiapas, 2 oct 08 (CIMAC).- Acompañar el momento de parir y nacer, de consolar en medio del dolor, de animar en la cúspide del sufrimiento, ha sido la labor de las parteras, mujeres iluminadas. Es justo lo que por miles de años han hecho: no dejar solas a las que paren, ser cómplices de nuestros secretos, ayudarnos a descarnar el alma para dejar nacer, al final, a la mujer libre que somos.

Cristina Alonso Lord es partera. Gracias a ella, muchas mujeres hemos re nacido y parido en amor. Por su acompañamiento durante el embarazo y parto, hemos tenido partos grandiosos e inolvidables. Más que misionera, me parece una sacerdotisa. Sus manos y sus palabras están llenas de luz. Su pequeña figura da una confianza gigante. Quizá sea la seguridad de su voz, la determinación de sus palabras o la calidez de su mirada azul.

De tierras lejanas, Cristina llegó a Chiapas con la inquietud de aprender de las parteras tradicionales. Había bebido ya de la sabiduría de las guatemaltecas luego de haber concluido su carrera en antropología con especialidad en antropología médica en Estados Unidos.

Desde entonces, se interesó en la salud de la mujer y en temas como aborto y muerte materna. La salud de la mujer le preocupaba porque, dice, "los marcos culturales de comportamiento femenino definen cómo va a ser la salud de la mujer".

Platicamos en el confortable cuarto, adornado con coloridos cuadros de lunas, donde atiende a las mujeres embarazadas. Sólo hay dos sillas y una cama. No existe el clásico consultorio con una computadora desde donde, de reojo, la doctora atiende.

"NO ELEGÍ SER PARTERA"

Ella no eligió ser partera, confiesa, fueron las madres las que la eligieron al pedirle acompañar sus partos. "Se me hacía un trabajo bastante aburrido, nefasto en términos de horarios porque estás a merced de las fuerzas naturales y no es un horario muy saludable".

Luego de su estancia en Guatemala "quise venir a México para aprender de las parteras y estuve seis meses en el Hospital Materno de Casa, que pertenece a la escuela de partería de San Miguel de Allende". Durante ese tiempo se planteó la idea de trabajar en un hospital, puesto que en Europa y Estados Unidos es común que las parteras trabajen en hospitales.

"Aprendí mucho técnicamente, pero decidí que yo no era de hospital por la falta de relación personal con las mujeres, no me acuerdo de sus nombres ni de los bebés, y eso me chocaba un poco".

Luego en EU estudió una maestría en salud pública y contactó con una partera que atendía en casa en Nueva Orleáns y trabajó con ella desde el oeste de Texas hasta Florida. "En esa parte hay pocas parteras y teníamos mucho trabajo. Para mí era una curiosidad".

Fue cuando conoció a una pareja que por una mala experiencia previa deseaba parir en casa y le pidieron a ella los acompañara. El parto fue una experiencia fuerte porque el bebé se trabó de los hombros. "En el hospital había atendido tres casos así y por ello pude salvar el caso. La experiencia fue muy fuerte para todos. Yo supe que si no hubiera estado ahí, la situación se hubiera complicado", recuerda.

Una amiga de esa pareja le pidió después que la atendiera y así se fue corriendo la voz. "Nunca dije que era partera. No cobraba mis servicios. Era algo que hacía como las mujeres hemos hecho siempre, tengo un conocimiento y lo comparto".

"TODOS LOS PARTOS SON BONITOS"

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