lunes, octubre 18, 2010

Se ponga como se ponga el SESPA , hay que hacer las mamografías a los 40


17.10.10 - 02:22 - CHELO TUYA GIJÓN.


Carmen Moriyón en uno de los sofás de descanso de la sala de trabajo clínico de la Unidad del Cáncer de Mama de Cabueñes. :: CITOULA



«Estoy convencida de que nosotros veremos la cura del cáncer. El de mama tiene una curación del 80% y los avances son increíbles».Carmen Moriyón Responsable de la Unidad del Cáncer de Mama del Hospital de Cabueñes.«Cuando murió mi marido aprendí a que no hay que preguntarse por qué a mi, sino por qué a mi no. Hay que aceptar la muerte»
«No me gustaría que el doctor House me dijera que tengo un cáncer de mama. Por fortuna él es una ficción».El martes, como cada 19 de octubre, el mundo se volverá rosa. Lazos, pañuelos y pegatinas recordarán que el cáncer de mama está ahí y hay que hacerle frente. Ese día, la doctora Carmen Moriyón estará hablando de lo que más sabe, de que esa dolencia se cura. Que hoy ya es una patología cronificada. Lo hará en el Congreso Mundial del Cáncer que, en esta ocasión, se celebra en Valencia. Con ella estarán todos sus compañeros de la Unidad de Cáncer de Mama de Cabueñes, un equipo que se ha convertido en referente nacional, aunque a la cirujana de extrema modestia le cueste verbalizarlo. Para que la estadística positiva siga creciendo, Moriyón tiene claro que los controles rutinarios deben adelantarse. A los 40 años, la mamografía debe ser obligatoria. Ahora no lo es hasta los 50.
-¿Cómo se le dice a una mujer: tiene usted cáncer de mama?
-Bueno...
-¿O no se le dice?
-Sí, se le dice, lo que pasa es que con la experiencia, porque en la carrera no te enseñan a esto, aprendes a dar malas noticias. Después de tantos años, según ves entrar a una paciente en la consulta, cómo se sienta y con quién viene, ya sabes por dónde tienes que ir.
-¿Seguimos diciendo 'esa larga enfermedad' en lugar de cáncer?
-Cada vez menos. Cuando la mujer llega a nuestra consulta ya sabe que algo pasa, porque le han hecho una mamografía, luego una biopsia y ahora viene a por los resultados. Muchas preguntan, directamente, si es cáncer. Otras no quieren saber más allá de lo imprescindible, es decir, cuándo se operan. Hay derecho a saber y derecho, también, a no saber.
-El paciente de cáncer, a diferencia de otras patologías, ¿sigue estando tutelado por los familiares?
-Cada vez son más independientes. Creo que en eso hemos contribuido los profesionales. Nos dirigimos al enfermo y cuando responden los familiares pedimos, con tacto, que lo haga el enfermo. No obstante, en el caso del cáncer de mama es diferente: no duele, ni antes ni después de la operación, y la mujer, cuando viene, suele venir sola, porque si viene con el marido tiene más problemas.
-¿Ese dato es científico?
-(Risas) No quiero que se moleste ningún marido, porque los hay muy cuidadosos, pero lo cierto es que el cuidado del otro no va con la genética del hombre. Va con la nuestra. Cuando a una mujer le dices que tiene cáncer de mama empieza a pensar cómo se lo dice al marido 'porque es muy nervioso', que a los críos mejor no les dice nada, 'porque están con exámenes', y que, claro, a sus padres 'cómo se lo voy a contar, si están mayores'. Cuando salen de aquí, muchas confiesan que quedan en el coche, bloqueadas, sin saber dónde ir.
-¿A Houston?
-Eso ya no pasa. El caso de Rocío Jurado nos ayudó mucho y, también, que cada vez tenemos más información. Ahora el paciente pide por equipos de referencia.
-Y en mama, ¿Gijón es referente?
-Eso no lo puedo decir yo.
20 profesionales
-No sea modesta. ¿Qué le dicen los demás?
-Bueno, tenemos pacientes de otras áreas. Es verdad que tenemos casos muy curiosos, de personas que se van a operar a centros de referencia de otras ciudades y luego vuelven aquí para una segunda cirugía. Yo, a mis pacientes les digo que somos los mejores, pero ¿qué les voy a decir?. El otro día, Carlos Vázquez, el presidente de la Sociedad Española de Senología, decía que de Madrid para arriba quizá somos el mejor sitio.
-¿Qué le falta a la unidad?
-Nada.
-¿No pide nada? Eso es noticia.
-Es que nos costó llegar, pero ahora tenemos un equipo de 20 profesionales dedicados a cada caso. Ha sido una tarea ardua, que comenzó con Pelletán, en la que, tengo que decirlo, contamos con todo el apoyo de Cabueñes. Sobre todo, con el empeño personal de la subdirectora médica, Teresa Olmo. Ahora tenemos hasta psiquiatra y colaboramos con las asociaciones. Con la de cáncer de Gijón, que dirige Emma Álvarez, tenemos una gran relación.
-¿Qué le diría a una lectora que se haya notado un bulto?
-Que consulte ya su médico.
-¿Qué posibilidad hay de que ese bulto que ella nota sea un cáncer?
-Pocas. La mayoría de los bultos son benignos. Yo estoy convencida de que veremos la cura del cáncer. El de mama la tiene del 80% y los avances son increíbles. El daño a la mama es cada vez menor y se puede hacer la reconstrucción inmediata. Ahora, la clave del cáncer de mama está en la detección precoz y sabemos, lo veremos en el congreso de Valencia, que la incidencia está aumentando en el mundo. En España tenemos 16.000 casos al año y, en Gijón, vemos unos 180. Lo que vemos en el mundo es que está afectando más al grupo de edad más joven, las mujeres de entre 40 y 50 años.
«No tengo pelos en la lengua»
-Pero, en Asturias las mamografías sistemáticas no llegan hasta los 50 años.
-Ahí quería llegar. Y no tengo pelos en la lengua. En Asturias estamos en los 50 años, cuando en otras comunidades ya han bajado a los 45. Y es que es de sentido común, si estamos diciendo que la incidencia es mayor entre los 40 y los 50 años, ¿por qué no adelantar el control?. No me valeN las excusas de que la mama joven no es densa y no se ve en el mamógrafo. Ahora los digitales lo ven todo. Mi mensaje es que la mamografía, a partir de los 40. Y cada año, porque antes de la menopausia, el crecimiento es más rápido y, si esperas dos años, igual no lo cazas.
-¿Cómo cuadra eso con los recortes anunciados?
-Nuestra obligación como especialistas es decir la verdad. Sin ningún alarmismo, pero si la única solución para el cáncer de mama es que cuanto antes lo encontremos mejor, la manera de encontrarlo es la mamografía. Se ponga como se ponga el Sespa, hay que hacerlas a los 40.
-Siendo médico, ¿la muerte se acepta de otra manera?
-Aunque estás acostumbrada a verla en el trabajo, cuando te llega a ti cambias la perspectiva. Cuando murió mi marido aprendí a que no hay que preguntarse 'por qué me pasa esto a mi', sino que hay que verlo como 'por qué no me ha pasado a mi'. Hay que aceptarla.
-¿Carmen Moriyón se hace mamografías?
-¡Qué remedio! Si ahora digo que no...
-Dígame la verdad.
-Que sí, que las hago. Es más, mi madre se las hace... en Cruz Roja. No soy capaz de que venga aquí. Dice que allí son muy amables.
-¿El doctor House les ha hecho mucho daño a los médicos?
-Creo que no.
-¿A usted le gustaría que un médico así le dijera 'tiene cáncer de mama'? Por no hablar de que le habría hecho una punción lumbar nada más verla.
-(Risas) No me gustaría que me lo dijera el doctor House. Por fortuna, es una ficción y ahí radica la gracia.
-¿Segura de que en la sanidad asturiana no hay doctores House?
-(Risas) Las cosas van cambiando.
-Oiga, ¿y para cuándo una mamografía indolora?
-¡Aaaaay! Si un ingeniero lo lograra, se haría millonario.



Publicado el domingo 17 de octubre en El Comercio

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